“Te voy a dar mucha caña”, aseguras. “Y yo pienso quemarte todo tu fondo de armario”, respondo. Y me dices que te gusta más “El Castigador” que yo mismo. Y a mí me hace gracia. Y me arrancas una sonrisa. No fue la primera, pero quizás sí la primera sin que me sudaran las manos.
Aún no me sé las líneas de metro que ya tienen cobertura, pero en Nuñez de Balboa vi tu número, que no tu nombre, en mi móvil. No te escuchaba bien, yo había quedado para cenar, pero lo primero que hice fue saltar del vagón. Con el metro parado, por supuesto, que tampoco te mereces tanto… No sabía lo que querías, pero lo que sí tenía claro es que quería salir del asunto cuanto antes. Para bueno o para malo.
Llegué a donde estabas. Yo con la misma ropa de la noche en la que nos conocimos. Simple casualidad. Tú, con una camiseta que debería estar prohibida por atentado a la salud visual de los ciudadanos. Aún así, te vi guapo. Manda cojones…
Me llevaste al Templo de Debod. Hablamos. Antes de llegar, en el coche, te sinceraste. Había un hueso duro de roer… ¿Quieres que empecemos de cero?, pregunté. Asentiste. Sé lo que implica empezar de cero. Implica perdonar y olvidar. Soy un tío coherente, que no se te olvide.
Y entonces dices que no será fácil, que no puedes darme garantías de que salga bien. ¿Alguien puede? Yo tampoco. No hace falta que digas que es posible que las relaciones se rompan, que es posible que se cruce otra persona, que es posible que los sentimientos no afloren. Es algo que ya va implícito, no hace falta recordarlo.
Y te digo que yo sólo quiero abrazarte y que un día al mirarnos nos demos cuenta de que somos importantes el uno para el otro. ¿Y si no pasa? Pues si no pasa, todo se acabará. Y entonces hablas de que necesitas cuidar a tus amigos y de que pasarás tiempo con ellos… ¿Crees que yo estoy dispuesto a abandonar a los míos por ti?
Quiero tardes de cine, abrazos en una cama, paseos por un parque, kebaps en un bar cutre, botellones compartidos, bailes de madrugada, risas por chorradas y todo lo que pueda surgir a tu lado. Y entonces dices que no planifique, y yo te digo que te calles y me beses.
Y le dimos al botón de Reset, sabiendo simplemente que no nos pedimos la luna, que sólo queremos el momento…
Acabo de llegar a la oficina. No tengo sueño. Y es raro, porque anoche me acosté a las 3. Le dije a JAR que salieramos a tomarnos unas copas. A él le encanta el Why Not. A mí también. Y como los dos estamos de solteros, él porque su chico está fuera de la ciudad y yo porque es lo que toca, nos fuimos a echarnos unas risas.
Fue muy divertido. Me gusta salir con él, ya lo he dicho otras veces. Lo único es que por mucho que yo sonriera, bailara y cantara, que lo hice y con ganas, tenía la cabeza en otro sitio.
Al salir, reencuentro con un antiguo amante. Un a ver si nos vemos, un cuando quieras y un portazo tras de mí, sin mirar siquiera atrás.
Luego el autobús con JAR y una conversación que me trajo más luces que sombras.
A pesar de las pocas horas dormidas, me desperté antes de que sonara el despertador. La cama me ardía. En cinco minutos (tiempo récord en mí) ya estaba en la puerta del ascensor. Fue ahí cuando mi Ipod me dio la primera puñalada de la mañana. Como tenía tiempo de sobra, me vine andando hasta el trabajo.
Yo también estoy pensando mucho estos días. “Las personas no cambian”, oigo por ahí. Y pienso que realmente no quiero que cambie, que me gusta como es, que simplemente me gustaría que me entendiera y que cediera en la misma parte en la que sé que debo de hacerlo yo.
Espero una segunda oportunidad. No por su parte. Él no es quién me la debe dar. En todo caso, nos la daríamos el uno al otro. Pero no voy por ahí. La espero del destino. Un volver a empezar. Un cruzarnos de nuevo. Un tengo muchas ganas de conocerte inicial. Porque sé que, a pesar de lo diferentes que somos aparentemente, debajo de nuestra piel hay algo muy similar. Sé el yo que le gusta y sé el él que me gusta. Y sé que los dos existen. ¿Por qué ninguno lo hemos mostrado en este tiempo? Quizás ni él, ni yo, hemos llegado a bajar la guardia. O quizás, simplemente es que no hubo tiempo.
Venía caminando por la calle hacia el trabajo y dudé. ¿Debo de pensar con la cabeza, el corazón o las tripas? No tengo respuesta. No sé si alguna de las tres serviría para protegerme al del medio. Lo que sí sé es que no se pudo tener peor comienzo.
La gran frase del sábado por la noche se dijo en el Liquid: “Cuando me muera, quiero que me incineren y que echen mis cenizas en el aire acondicionado de este local, para que todos estos chulazos me respiren hasta el fondo… Eso es lo más cerca que podría estar de ellos…”.
No, no la dije yo, pero tiene todo el arte.
Sí, hacía mucho calor. Del corporal y del ambiental… ¡Ay omá, qué rico!
No he dormido en toda la noche. No he conseguido hacerlo. Primero, un nudo en el pecho. Luego, tus palabras. Es gracioso… El mismo que me invitó a saltar sin red, me saluda cómodamente desde arriba, agarrado a su arnés, mientras me pego la ostia.
Pides madurez y a ti todo te parece un chiste.
Pides libertad y no sabes utilizarla.
Pides que me valore y tu ni siquiera me respetas.
Y lamento decirte que una relación conlleva sacrificio, que no es fácil, que toca luchar y dejar parte del egoísmo de lado. Toca exponerse. Así es la vida aquí en la Tierra.
Al final, como siempre, todo palabras. Palabras sin hechos que las consoliden. Palabras en sms, en mails, al oído… Palabras que me toca borrar una por una, si quiero dejar de pensar en ti cada vez que abrazo la almohada.
Me gustas, ¿sabes? No estoy enamorado de ti, pero me gustas. Me gustas lo suficiente como para mirar a los ojos a mis miedos, que son muchos. Lo suficiente como para arriesgarme a caer sin red. Lo suficiente como para ser tu compañero el tiempo que se pueda. Lo suficiente como para querer dejarme llevar y enamorarme de ti. Si es que es eso lo que debe de suceder. Yo tampoco puedo darte garantías, ya lo sabes.
Vengo de tu casa. Dices que no es justo. Quizás no lo sea. O quizás sí. Pero agradecería que si esto te importa algo, que si yo te importo algo, lo demuestres un poquito. Eso es luchar por lo que se quiere y no solamente dejar al grupo de amigos una noche de Orgullo.
Estás a tiempo. Quiero más besos y abrazos tuyos. Quiero más y los quiero todos para mí. Creo que valgo lo suficiente como para tenerlos en exclusiva. Ahora eres tú quien debe de valorar si me los quiere dar y si quiere los míos también. Porque aunque no tenga la autoestima que tu desearías, sí que sé que soy lo suficientemente especial como para no tener que compartir al que camina a mi lado.
Sólo espero que si decides apostar por mí, cuando lo hagas, aún estés en mi almohada cada vez que la abrace, porque si para ese entonces ya te has ido, te habrás ido del todo.
Ahora, desaparezco. No messenger. No teléfono. No Facebook. Desaparezco y no volveré a hablar de este tema en el blog. Pero estaré ahí si quieres decirme algo. Y seguiré con la armadura quitada.
Me he despertado a la 1 de la tarde. Dolor de cabeza. Los mojitos pasan factura. Y si los mezclas con tequila y con ron de garrafón, más todavía. Al abrir el ojo, he visto un cuarto extraño. Dormí en cama ajena. En la de mi compañero de piso, que anda en la playa. Iba a dormir en el salón, pero cuando llegué a las 7 de la mañana estaba ocupado por un amigo de mi otro compañero. Y mis padres, en mi cuarto…
Me he desayunado dos dolalgial y me he metido en la ducha. Suelo hacerlo con chanclas. Es una manía como otra cualquiera. Desde que viví en la residencia de estudiantes en Málaga y voy al gimnasio, suelo ducharme con chanclas. Pero hoy no. Prefería sentir el frío de la bañera en los pies. El agua empezó a correr por mi cuerpo y noté como los dos dolalgial me ardían en la garganta. Debí beber más agua. No soporto esa sensación. Me dan ganas de ahogarme con el cable de la ducha.
Mientras me enjabonaba, empecé a pensar en la noche de ayer. Pelín surrealista. Pero divertida. Mucho. Siempre que salgo con Ismael & Company sé que el desfase está asegurado. Recordé un dormitorio, con seis personas dentro, cantando a grito pelado grandes éxitos de ayer, hoy y siempre, de la talla del Europe’s Living a Celebration, El Corazón Contento, versión de Marisol, por supuesto, Lokomía y, como no, la de Erpeche, de la que os he puesto el vídeo, que como a Marta le encanta sólo la escuchamos… ¿8 veces?
Pero como la miel no está hecha para la boca del asno, los vecinos no supieron valorar nuestra calidad musical y un chulazo bajó a pedirnos que nos callaramos. Suerte tuvo de que nos llamara la atención por la ventana y hubiese una reja por medio. Llega a llamar a la puerta y la que le cae es fina…
Nunca he hablado de Manu en este blog. Aunque él sí que dice mucho, ya que comenta todos y cada uno de mis posts. Hace más de un año, El Castigador recibió un mail suyo. Me contaba su historia y su situación, y me decía que le gustaba mucho mi blog. Yo le contesté un extenso e-mail animándole a mirar hacia el frente y a luchar.
Un año y pico después, ha sido Manu quien, esta mañana a través del msn, me ha animado a mí a tirar para adelante. De hecho, él me ha “obligado” a titular este post de la manera en la que lo he hecho.
Consejos vendo y para mí no tengo. Así se podría denominar lo que me ocurre. El caso es que, como me dice Manu, cambio el rollo. Una vez más. Ya sé que esto no es nuevo. Porque al final, no es tan horrible eso de caer de nuevo, si lo que ocurre finalmente es que uno se vuelve a levantar. De nuevo, miro a los ojos a mis miedos. No sé si me ganarán otra vez. Lo que sí tengo claro es que volveré a luchar contra ellos cuantas veces sean necesarias.
Tengo a mis padres de visita en Madrid. Y los tengo preocupados. Hablo poco, estoy serio. Incluso, mi hermana me llamó anoche para preguntarme lo que me ocurría, porque mi madre se lo había comentado. Y coño, ya está bien. Me he colocado mi camiseta negra nueva que me hace un cuerpazo de la ostia, los vaqueros piratas más maricones que tengo, mis zapatillas plateadas y mis Ray-Ban azules y me los llevo a comer a la Gran Vía.
Y esta noche, de cena con amigos y a desfasar. Que me lo está pidiendo ya el cuerpo…
PD: El vídeo es la versión que hizo Iván de Words en Operación Triunfo. Iván no me gusta especialmente. Tampoco la canción. Pero mi jefa y yo llevamos dos semanas poniéndonosla en la oficina porque nos anima bastante. Y teniendo en cuenta que ha habido tres despidos, lo necesitamos. La crisis dejó de acecharnos para devorarnos por completo.
Hoy me he dado de bruces con la vida real. Después de seis días de no parar, abrir la puerta de un piso vacío, quieras que no, pasa factura.
Las fiestas del Orgullo de este año han sido increíbles. Sin duda, de las vividas hasta el momento, las mejores. Y eso que empezaron con una caída en el metro que me dejó la rodilla inflamada y que me obligó a perderme el pregón.
El jueves llegó Nacho desde Tenerife y el viernes lo hizo Stranger desde Almería, que este año sí que sacó bien los billetes. Ramón y David también estaban por aquí. Y Skype, por supuesto. Y Jorge y Romain, y CJ. También Ismael y Manu. Y Monse. O mejor dicho, Pepe.
Y Ángel.
Todo ha sido muy especial. Al margen de que han sido días muy duros, no sólo porque he tenido que trabajar y porque en ocasiones el cansancio me puso realmente contra las cuerdas, hemos intentado dejar de lado la realidad, para reir sin parar, bailar sin parar y hacer constar con pequeños gestos la importancia de saber que hay alguien ahí que te quiere y que está dispuesto a ayudarte.
Ramón y Stranger se fueron el domingo. Nacho lo ha hecho hoy. Y los demás nos quedamos a retomar la rutina de un Madrid con síndrome postvacacional. Toca afrontar la realidad tal cual es. Con nuevos abrazos y nuevas ausencias. Pero siempre con la esperanza de que lo mejor está por venir. Y de que me he sentido demasiado querido estos días por este grupo de modernas. Espero haber transmitido lo mismo.