Me gustaría saber de qué me sirve que cuatro años después vuelvas para decirme que siempre te he gustado, que no has dejado jamás de pensar en mí y que seguías mirando aquellas fotos mías que te envié.
Ahora dices que quieres conversar horas y horas para que podamos conocernos y me preguntas si estaría dispuesto a llevar una relación a distancia. ¿Te hace ilusión volver a saber de mí?
Y a mí me da la risa, porque no queda ilusión, ni ganas de verte, ni siquiera curiosidad por saber quien eres hoy o si serías capaz de hacerme feliz.
Ahora que te diste cuenta de lo que valgo, ahora ya es demasiado tarde. Dicen que el primer amor nunca se olvida. Pues lo siento, pero a ti ya te he olvidado. Es todo lo que puedo decir.
No sé si a ti te pasa, pero a mí me gustan las novelas en las que ya se sabe el final desde el principio. Aquellas en las que lo que realmente importa es el camino, en las que lo interesante y lo que atrapa al lector es el cómo ocurre todo.
Te confieso que casi siempre que empiezo a leer una en la que el final no se adelanta, me voy a la última página y repaso las líneas finales. Sólo las dos últimas, no más. Y aunque no me entero demasiado del desenlace, al menos sé que está ahí.
Así me gustaría que fuera la vida, que se pudiera echar un vistazo al final de la historia para disfrutar al máximo del camino, sin mayor preocupación. Pero lo cierto es que final sólo hay uno, el mismo para todos, y el camino hay que disfrutarlo de todas todas, sin pensar en nada más.
Sólo me queda comprender que poco importa que estés conmigo al final del camino. Lo realmente importante es que quieras caminarlo junto a mí. Y si al final, has de estar agarrándome la mano, simplemente estarás. Y ya. Dará igual que nos preocupemos por ello. Sólo ocurrirá si está escrito en las dos últimas líneas.
Acabo de llegar de Málaga de la despedida de soltera de Lhalloly. Ha sido un fin de semana increíble. Diría que el mejor que he pasado con mi grupo de amigos de Linares. Nos hemos hinchado de comer, sólo superable por todo lo que nos hemos reído.
Si algo nos caracteriza es que todos nos hemos peleado con todos algunas vez y que siempre suelen surgir roces. Pero en esta ocasión, no ha sido así. Además, he conocido a amigos de la novia que son de esos de los que hay que archivar en la agenda propia. Aunque lo cierto es que con uno de ellos, ya llevaba meses de conversaciones por messenger. Un tipazo de los grandes.
Espero que la novia se lo pasara genial. Creo que así fue. Para mí, ha sido todo un honor compartir este momento con ella. La quiero mucho. No sé porqué, esta canción me recuerda tanto a ella…
Y ya se sabe, después de la fiesta, viene la caída en picado. Así que voy a irme a la cama, que noto cómo mis ánimos van bajando por momentos. Y aunque hay motivo para ello, ya que me he puesto triste tras revisar mi correo, prefiero no dejarme llevar, que el fin de semana ha sido demasiado bueno como para joderlo por una tontería.
Dos besos, uno en cada mejilla. Hoy, por primera vez en más de un año, Gelina me ha dado dos besos al despedirse. Con su español trabajoso me llama “corazón” y me pregunta si sé de alguien que quiera que le limpie la casa, que un cabrón al que le limpiaba el bar le debe casi 300 euros desde mayo y que tiene miedo cuando va a casa de JAR porque la policía pasa a menudo por la puerta.
Pero ahí está ella. Fuerte. Más fuerte que yo. Más fuerte que cualquiera. Con los hijos a miles de kilómetros de distancia. Con el marido sin trabajo. Y ella, limpiando casas por un precio que da risa.
Y yo no sé lo que decirle. Me limito a un “Ay Gelina, qué complicado es todo” y con eso cubro expediente. He pensado que quizás estaría bien darle dinero extra o, incluso, un regalo por navidad. Pero no sé si es más por limpiar mi conciencia o por ayudarla. Confío en que sea lo segundo. Creo que lo poco que conozco de mí lo haría por ella. Pero es que no sé si realmente sea lo bueno que creo que soy.
Hoy, por primera vez después de más de un año, Gelina me ha dado dos besos. Dos besos que se han solapado con otros dos que aún estaban en mi barba, después de una tarde bastante agradable. Tengo el estómago lleno de café con leche, tinto de verano con limón y aceitunas, y parece que en vez de en el estómago, está todo en mi garganta, a la altura de mi nuez.
Pareceis dos personas. Una, con la que hablo por el messenger y he compartido la tarde. Otra, la que se desahoga en el fotolog. Supongo que, quizás, pasa lo mismo conmigo. A lo mejor El Castigador tampoco tenga mucho que ver con el que escribe detrás. Quizás aquí y en tu fotolog, ambos echemos esas sombras negras que también nos acechan.
Ha sido una tarde agradable. Y ahora tengo un lápiz con una bruja gay por cabeza. Y cuatro besos en las mejillas. Dos de ellos en la barba. Y sí, me he reído mucho…
Mi compañera de trabajo dice que soy muy fotogénico. Y aunque no soy de echarme muchas flores, he de reconocer que es cierto. Aunque claro, hay truco… Hace algún tiempo aprendí a poner cara de foto, a colocar esa expresión que me saca realmente guapo en las imágenes.
Y claro, esa expresión lleva una sonrisa de oreja a oreja. Tengo una sonrisa bastante bonita. Mis dos años y medio de ortodoncia me costó.
Pienso en todas las fotos de los últimos meses y en todas, tuviera más gana o menos, salgo sonriendo. Únicamente porque sé que estoy más guapo.
A partir de ahora, imaginaré que siempre tengo el objetivo de una cámara enfrente. Así estaré obligado a sonreir… Aunque bien es cierto que llevo unos días que sonrío sin motivo. O puede que con un motivo que aún desconozco. El caso es que estoy contento…
Y hablando de fotos, ayer vi una mía de hace ocho años. Y sin duda, soy como el buen vino… Por lo menos, hasta ahora.
Anoche salí de fiesta con sólo 15 euros en el bolsillo. Tuve más que suficiente. Empezamos con botellón en mi casa. Hacía mucho que no nos juntábamos en mi salón. Para Marta, de hecho, era la primera vez. El resultado fue no parar de reir durante toda una noche que dio mucho de sí.
Pude comprobar que la cabra acaba tirando al monte, que las modernas son más modernas de lo que yo creía, que cada vez me gusta más tener a Marta como amiga, que quiero ser yo quien decida si me arriesgo a darme una ostia, que mezclar tequila y pomada es una bomba de relojería, que hay besos de alguien que saben mejor en invierno que a mediados de verano y que el secreto del perfume no lo era tanto.
Y hubo una guinda para el pastel que me halagó tanto como sorprendió. En plena pista del Polana, un chico que me pareció altísimo de primeras y con el que empecé a hablar de “norrecuerdoqué”, me preguntó de pronto si yo era El Castigador. No me vi la cara, pero creo que me quedé pálido. Y más cuando me demostró que realmente me leía.
Nunca me había pasado. Es el primero que me reconoce. Y realmente me hizo mucha ilusión. Hay un café pendiente y ya le he comunicado que, ahora que conoce mi doble identidad, una de dos: o lo mato o me caso con él. Sabiamente, ha elegido la muerte, que como marido tengo que ser un auténtico coñazo…
El año pasado tuve un rollete que en la primera cita me organizó el armario donde guardo la comida. Además de eso, me dijo que tenía que cambiar de sitio los muebles de mi cuarto. Según él, no era bueno tener la cama con los pies hacia la puerta, porque todo lo bueno se va por ella.
Aquella relación no llegó a nada, sobre todo, porque en la segunda cita me empujó diciéndome que “yo era suyo” cuando un amigo vino a saludarme. El caso es que, desvaríos varios del muchacho aparte, lo de los pies hacia la puerta es algo que me ha rondado durante todo este tiempo.
Así que este fin de semana me he puesto manos a la obra y he redistribuido los muebles de mi cuarto. No me convence demasiado como ha quedado, creo que ahora parece más pequeño, sobre todo por culpa del armario. Pero bueno, al menos, ahora mis pies mirarán hacia la ventana cada noche, que por ahí creo que no se escapa lo bueno. Al contrario, imagino que entrará.
Por cierto, tengo una rebeca que devolverle al tipejo en cuestión…
Son las 6:14. Llevo más ron encima del que puedo recordar. Ha sido una noche increíble. Creo que jamás había salido un miércoles. Yo debía de estar a las 12 en casa, pero no. He llegado más tarde…
Yo no era quien debía ser animado hoy. Pero lo he sido. Es lo que tiene juntarse con amigos que le quieren a uno. Mucho baile. Mucha sonrisa. Mucho sentirse querido.
Ahora tengo el corazón un poco menos roto. Hace muchos meses que estaba así. Hoy tiene algo más de silicona cubriendo las grietas.
Y lo mejor es que lo sé. Y también sé que tú lo sabes. Hace mucho tiempo que no encontrabas a alguien como yo. Ni tú, tampoco. Ninguno de los dos. Soy lo mejor que te ha pasado en mucho tiempo. Y lo mejor que te pasará, también. Aún así, habéis elegido. Los dos. La soledad es una apuesta segura. O la abundancia sin ataduras. Pero yo no puedo hacer nada si tú no quieres y eso hace que yo no quiera tampoco. Algún día te darás cuenta. Tú. Y tú, también. Y quizás te falte valor para hablarme a la cara. O quizás no.
Lo que sí sé es que hoy probé de nuevo unos labios extraños y no me fue suficiente. Y que en menos de dos horas, mi despertador sonará de nuevo. Y no puedo saber nada más.