Anoche llegó un nuevo Pequeño Pony a mi vida. Es blanco con el pelo morado y un cuerno lleno de brillantina. Se llama Sweetie Belle. Eso pone en la cajeta. Íbamos a ponerle otro nombre, una cosa más personal, pero luego entre las copas, bailar el hula-hop y llorar un rato en el baño, no tuvimos tiempo.
Llorar es una de las cosas más elegantes que se puede hacer en el baño de una discoteca. Creo que es el único sitio donde lo hago desde hace mucho tiempo. También hacía mucho tiempo que no lloraba. Pero tiene su gracia. Echas el pestillo, lloras, te limpias, quitas el pestillo y sales sonriendo de nuevo.
It’s my party and I’ll cry if I want to. Y era mi fiesta y lloré. Básicamente porque me salió de los cojones. Hoy, para compensar, y ante la atenta mirada de Sweetie Belle, saltaré desnudo por mi habitación emulando a Brenda. Hasta es posible que me anime a bailar el hula-hop. Desnudo también, por supuesto. O con calcentines. Eso no lo tengo aún decidido…
Mi sobrino, el pequeño, recibió el domingo la primera Wii. Bueno, lo que recibió fue la primera comunión, pero lo que a él le hacía ilusión era la Wii. Y normal, la Wii es mucho más divertida. Ni punto de comparación.
Mientras le enfocaba con la videocámara desde la zona destinada a los titos con videocámara, justo detrás de las catequistas, caí en la cuenta de que hacía ya 19 años que yo, en esa misma iglesia, había recibido la primera comunión. Que no la primera Wii. Por entonces, te conformabas con el Tetris.
Y me dio un ataque de tos. Sí, por la alergia, pero lo de los 19 años también tuvo que ver. Y también que me dio la risa. Porque claro, es bastante cómico ver cómo el cura se empeñaba en explicar lo que era el amor utilizando como ejemplo la transmisión de electricidad desde una central eólica hasta una regleta de enchufes. Un ejemplo que nadie entendió. Normal, quedó clarísimo que la Iglesia sabe bastante poco de amor.
Lo que sí sabe la Iglesia es apuntarse al carro de las nuevas tecnologías. Así que allí estaba un señor de unos 70 años, supongo que marido de alguna de las catequistas, con un portátil, proyectando las diapositivas de una presentación Powerpoint con todas las oraciones, cánticos y diálogos de la misa.
Todo un alarde de modernidad. Lo mismo lo próximo es aceptar a los maricones en su seno. Y que nos den todo ese amor del que hablan. Y que nos incluyan en eso de la central eólica. Y que nos regalen una Wii. Vete tú a saber…
A veces un simple comentario puede ser un gran piropo. De esos que hacen sonreir cuando nadie te ve.
Pero no tiene mucho sentido sonreir si nadie te ve. O a lo mejor sí y las mejores sonrisas son esas que sólo se quedan para uno.
De un tiempo hacia acá soy cauto. Cauto que no cobarde. Cobarde disfrazado de cauto. Cauto cobarde que sonríe a solas porque la vida es demasiado perra como para sonreir en público.
Soy complicado. Y eso puede ser divertido. Y aunque a ratos joda, pienso disfrutar de mi complejidad. Y de mis sonrisas cuando nadie me ve…
Lo he decidido. Voy a demandar a H&M y Blanco. Soy feliz hasta que entro en sus putos probadores. Sus putos probadores con doble espejo para verte el frontal y la espalda. Los odio. Entro y allí me la muestran. Mi coronilla.
Soy feliz sin verla. Imaginando que está completamente cubierta de cabello. Soy feliz sin verla. Soy feliz en mi ignorancia.
He movilizado a todos mis abogados. Son muchos y con trajes muy oscuros. Demandaremos por atentado contra la autoestima. Quiero indemnización. Millonaria, a ser posible. O acciones de ambas empresas. Muchas, a ser posible también.
Mis abogados dicen que ganaremos, que seguramente AR nos saque en su programa. Y la Milá. Incluso puede que Tele5 haga un 12 meses, 12 causas. Y luego me fichará Antena 3 y presentaré algo.