Y llegaron las vacaciones y con Marta me metí en un avión rumbo a Gran Canaria. Al principio todo eran pegas. Los canarios estaban aplatanados, la playa estaba muy lejos, los canarios estaban aplatanados, los canarios… Eran eso. Canarios. Y el que siga mi blog desde hace tiempo ya sabrá que los canarios y yo… Pues como que no.
Pero fueron pasando los días y dormir la siesta escuchando “Soy tu aireeeee, soy tu aguaaaaa” fue haciendo que le tomara cariño a la isla. Eso y tener a Marta a mi vera, que quieras que no, ayuda. Y mucho.
Por fin conocí a Juanjo y a Marcos (dos pedazo de canarios que acabaron con el mito propio) y me reencontré con Manu. Anfitriones y viajero de excepción que vieron como El Castigador, bastante pasado de copas, sacaba su látigo subido en el podio del Base Bar y rodeado de jaulas.
Hay muchas cosas que destacar, pero así a voz de pronto me quedo con Calambos, con el ya mencionado Base Bar y sus camareros, con Pin y Pon, con los caris de Canarias, con los amores de verano que empiezan y acaban en los rincones carentes de luz, con las chinas que bailaban, con los chonis del hotel, con los dos chulazos del último día y, sobre todo, con Marta, sin cuya compañía las siestas nunca serán lo que fueron.
Pues eso… Don’t let this moment end…
Gracias a todos por diez días increíbles.
En unos días, el Episodio II: La venganza de la Wii.




