
Es fácil, muy fácil, identificar cuándo una obra es de calidad. Sobre todo entre aquellos que nos dedicamos a plasmar momentos en letras, en colores, en sonidos o en imágenes.
Se trata de la envidia. Pero no me refiero a la manida y falsa envidia sana. La envidia es envidia y es absurdo adornarla con adjetivos políticamente correctos.
Si al leer un texto, observar un cuadro, escuchar una canción o ver una película sientes la más asquerosa de las envidias, no lo dudes, amigo, estás ante una obra de calidad. Y cuanto más asquerosa sea la primera, mayor será el nivel alcanzado por la segunda.
Eso me ha pasado hoy con la película ‘A single man‘, en la que Tom Ford ha hecho un trabajo excelente como director. Solo con el comienzo ya he sentido una punzada en las encías. Punzada de envidia, que nadie se vaya a equivocar.
Porque la envidia, queridos, es tan humana como el respirar y, en realidad, ningún daño hace al prójimo. Lo que sí perjudica es no saber gestionarla y cambiar el reconocimiento por el intento de sabotaje. O por el intento de humillación. O por el intento de desmerecer.
Tom Ford está que se sale. Y Colin Firth. Y Matthew Goode. Y Julianne Moore. Por cierto, ¿hay algo más maravilloso en el mundo que Julianne Moore?
Esta es otra película que se convierte desde ya en un must en mi vida y que va a ir directa a mi estantería. Ah, y la novela. Me la apunto también como lectura pendiente.





