Cuando la joven rumana me preguntó, con un perfecto acento vallecano, si quería que me quitara las cutículas, pensé que al decir que sí, ella creería que soy maricón.
Acto seguido y aún con los dedos en remojo, me di cuenta de que es precisamente eso lo que soy.





Enero 30, 2010 a las 17:11
Ya no es tanto el orgullo de ser quien eres, sino el miedo al trato de los demás.
Enero 31, 2010 a las 21:38
Machote, ya era hora de que escribieras, nos tenías olvidado…