
Me estaba atando el cinturón del albornoz, cuando el teléfono empezó a sonar.
¿Como que quién soy? Pues tu argentino favorito…
Y yo que ni por esas sabía quién era, me fui en un momento hasta Panamá y pensé en Agustín. Pero no. Un soy Hugo me trajo de nuevo a la habitación para terminar de atarme el cinturón del albornoz y responder un ah, vale, más por cortesía que por entusiasmo.
A los 14 segundos de conversación ya me había preguntado si tenía novio y yo, que ni se me pasó por la mente mentirle, le dije que no con toda la tranquilidad que da sentirse en uno de los mejores momentos de la vida.
Una vez terminada la charla breve y poco intensa y ya sin albornoz y con el agua de la ducha cayendo por el vientre, recordé cómo sonreía en la pecera de Diario Latigazo cuando le llamaba por teléfono aquel mes de julio de hace ya tanto tiempo. Recordé a Carolina intentando sonsacarme si estaba enamorado y recordé también lo mucho que dolió.
Recordé pero no sentí. Nada. Ni sonrisa. Ni dolor. Ni rencor. Nada. Sólo el bienestar de saber que no soy el mismo de hace unos años y de que mi argentino favorito ya no es ni mío ni favorito. Es simplemente pasado. Un pasado que ya no puede volver.





Febrero 5, 2010 a las 0:53
Sí señor, eso quiere decir que al final has aprendido. Esto se merece un aplauso, jejeje. un besazo amore
Febrero 5, 2010 a las 7:22
¡como me gusta! Un abrazo fuerte, fuerte.
Febrero 28, 2010 a las 5:57
Siempre has escrito muy bien, pero esto ya es demasiado.
Marzo 2, 2010 a las 0:03
un aplauso mi vida… a ver si me das un poco de tu fortaleza para esos menesteres…
un besote!