Y finalmente, Stranger y yo partimos el viernes rumbo a Berlín, en lo que fue un viaje de cuatro días y del que no sabría bien qué destacar. Desde mi vuelta, me han preguntado en varias ocasiones eso de “¿Qué te ha gustado más?” y lo cierto es que sólo acierto a titubear.
Creo que es imposible que hubiésemos podido aprovechar mejor nuestra estancia en la capital alemana. No paramos ni un segundo de visitar lugares, de caminar empapándonos de sus calles y también de la lluvia, de reirnos y de comer. Sobre todo, de comer. Un diez para la comida alemana. ¡Vivan las salchichas!
El Reichstag, el Tiergarten, Alexanderplatz, el Monumento a las Víctimas del Holocausto, los restos del Muro de Berlín… Todo merece mucho la pena.
Pero supongo que cuando pasen los años y recordemos nuestro viaje, lo primero que nos vendrá a la mente serán las lesbianas que spoileaban Lost, aquella china del vestido azul y la gabardina con manga al codo, el hombre del parche en el ojo del que me enamoré locamente, el garito de las paredes de peluche rosa, el camello que nos ofreció todo lo ofrecible, la noche que nos perdimos entre la oscuridad de un Berlín desierto, el joven de la Cafetería Einstein que iba con su morito apadrinado y del que también me enamoré locamente, la caminata nocturna rumbo a Panorama y el desayuno en el concesionario de la Mercedes, que bien nos sirvió de comida.
Y por si lo olvidamos, aquí queda escrito. Aquí, en la moleskine que compré expresamente para el viaje y en los cientos y cientos de fotos que tenemos.
Al margen de eso, me quedo también con las caras de cada uno de los berlineses en los que me fijé. Caras que me hicieron pensar en todas las tragedias vividas en Alemania en el siglo pasado y en la capacidad de recuperación, superación e, incluso, de sonrisa de todo un pueblo. De todo un pueblo y también de los hot chocolates. Y si ellos sonríen después de todo lo vivido, no sé porqué no vamos a poder hacerlo todos los demás. En definitiva, unas paredes de peluche rosa siempre son motivo para sonreír…





Marzo 26, 2010 a las 0:48
Te acuerdas que casi entro a trabajar en una oficina que tb tenía peluchito Rosa en las Paredes?? Q locura! Suena fantástico el viaje.
Esa pregunta de q gusto mas siempre es necia, viajar es mucho mas intenso y mucho mas profundo. Y ese camarero…mm.. Seguro era hetero:)
Marzo 26, 2010 a las 15:26
Peluche y sonrisa, ¿hay algo mas ideal?
Marzo 26, 2010 a las 15:36
Que chulada contado asi parece sacado de una agencia de viajes, es estupendo que puedas ver el paisaje y el interior de las cosas…me hubiese gustado probar las salchichas seguro que estaban bueniiiiisimas…un besazo